-Para, para, para.-Escuchaba de fondo, pero yo no podía parar.-No puedo acabar tantas veces.-
Eso solo hizo acrecentar más mi deseo. El deseo de morder más ese cuerpo, de besar más esos labios, de penetrar más en su templo de placer. Nunca había hablado tanto en esa situación, aunque siempre me gusto hacerlo un poco. Describir la situación y lo que haría a continuación. Preparar el camino para lo que vendría, certificar que es placer lo que siente ella. Si, aunque sus gritos parecían decir lo contrario. Sus palabras me alentaban a seguir y seguir.
-Como me gusta! No! Para un poco y dejame descansar! NO, para!-
-Tu boca dice no, pero todo tu cuerpo dice si.-
Tu jugo me indica que deseas seguir con toda tu carne, quiere que siga. Siga cumpliendo con lo prometido, lo profetizado. Placer, mucho placer. Oleadas de placer que queman con nuestras lenguas. En ríos de saliva, deseo recorrer tu cuerpo. Aun recuerdo tus movimientos sinuosos, tu mirada fija en mi y esos labios entreabiertos que me decían que lo ansiabas tanto como yo. Invocando una gran tormenta. La tormenta de dos cuerpos y el deseo reinante en el sudor y los vahos del sexo.
Fantasias pervertidas de ayer y hoy presentó...









